La tentación autoritaria de Piñera

La construcción de la unidad del país corresponde, en primera instancia, a aquel que tiene el poder, es una responsabilidad política presidencial ineludible y no endosable. Conducir al Estado integrando a todos y todas es su responsabilidad, de la cual tendrá que rendir cuentas. Si el Presidente insiste en ejercer su liderazgo basado en la descalificación, la falta de transparencia y la autocomplacencia, no cumplirá con su cometido de unir a Chile. Los llamados a la unidad nacional mediante declaraciones no sirven, deben venir acompañados de actos concretos.

Como consecuencia de la pandemia, se ha instalado un debate a nivel internacional sobre el peligro de que las formas de administrar y enfrentar la crisis sanitaria se hagan recurriendo a medidas autoritarias, y Chile no está ajeno a esta realidad.

El autoritarismo es el peor tipo de liderazgo para enfrentar la crisis, no solamente porque atenta contra los principios democráticos, sino también porque resulta ser ineficiente en términos prácticos para gestionar las medidas necesarias para salir de ella.

El apoyo a la autoridad se produce cuando esta logra convocar democráticamente a los diversos actores políticos y sociales en torno a un desafío nacional, es un acto de grandeza que requiere generosidad y habilidad política. Lamentablemente, el Presidente no ha tomado este camino. Cuando se está a cargo de gobernar y se ejerce el poder con bajo apoyo ciudadano, se esperaría una conducta muy diferente. Por el bien de Chile, espero que cambie.

En sociedades complejas como las nuestras, donde existe una cultura democrática y ciudadana, el desafío es convocar y dialogar con todos y todas, para construir apoyos amplios detrás de un plan para enfrentar la crisis. El autoritarismo no produce unidad, sino que engendra división y tensiones, precisamente lo que no necesitamos. Y tampoco genera más orden y disciplina, por el contrario, instala miedo e incertidumbre.

En suma, la autoridad que conduce al país a través de la crisis debe concitar apoyo político y social a su gestión y ello se logra cuando su liderazgo se caracteriza por: ser transparente con la ciudadanía, incluir a los actores sociales en los procesos de toma de decisiones e integrar sus propuestas, y generar un debate político democrático amplio, sin exclusiones ni vetos. Lamentablemente, ninguno de estos aspectos caracteriza nuestra actual gestión de Gobierno.

El Presidente Sebastián Piñera y su Gobierno han mantenido un discurso en el que exigen a todos los sectores un apoyo incondicional a su gestión, como el único camino para enfrentar la actual situación. Sin duda, apoyar a las autoridades en estas circunstancias difíciles es un deber, en eso no hay duda, pero el problema aparece en el momento en que ese apoyo se exige de manera incondicional, como si fuese una traición y una deslealtad el debate y la participación. La demanda de apoyar a la autoridad como una compulsión acrítica es el camino al autoritarismo y las amenazas machistas y clasistas de la extrema derecha contra la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, hay que entenderlas en ese contexto.

La unidad nacional que pide el Presidente Piñera acentúa su autoritarismo, porque es una unidad para acallar cualquier crítica o cuestionamiento a su diseño de gestión de la crisis, que parece más orientada a obtener ventajas pequeñas para su propia agenda política, que a apoyar a las familias más necesitadas. La actual conducción presidencial claramente no quiere diálogos y acuerdos, dice que los quiere, pero sus actos lo desmienten.

El dilema de las fuerzas progresistas es paradójico, porque a pesar de colaborar con el Gobierno, como queda demostrado con el rápido trámite de su agenda legislativa, es caricaturizada en el discurso gubernamental como obstruccionista e irresponsable. Nosotros seguiremos cumpliendo con nuestro mandato: apoyaremos las medidas que protejan a los que más lo necesitan, legislaremos para perfeccionar el marco institucional de la salud, la economía y de la ayuda social a las familias chilenas.

La construcción de la unidad del país corresponde, en primera instancia, a aquel que tiene el poder, es una responsabilidad política presidencial ineludible y no endosable. Conducir al Estado integrando a todos y todas es su responsabilidad, de la cual tendrá que rendir cuentas. Si el Presidente insiste en ejercer su liderazgo basado en la descalificación, la falta de transparencia y la autocomplacencia, no cumplirá con su cometido de unir a Chile. Los llamados a la unidad nacional mediante declaraciones no sirven, deben venir acompañados de actos concretos.

El apoyo a la autoridad se produce cuando esta logra convocar democráticamente a los diversos actores políticos y sociales en torno a un desafío nacional, es un acto de grandeza que requiere generosidad y habilidad política. Lamentablemente, el Presidente no ha tomado este camino. Cuando se está a cargo de gobernar y se ejerce el poder con bajo apoyo ciudadano, se esperaría una conducta muy diferente. Por el bien de Chile, espero que cambie.

Fuente: El Mostrador, artículo original en este link.

Compartir